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Terapia de pareja

Terapia de pareja en Las Rozas y online

La mayoría de las parejas no llega por un problema nuevo, sino por la misma discusión repetida durante años en versiones distintas. El trabajo empieza por ver el patrón, que casi nunca es de uno de los dos.

Con Lucía, psicóloga colegiada M-30214. Sesiones por videollamada en toda España y presenciales en Las Rozas de Madrid.

Para qué sirve y para qué no

Sirve para entender qué está pasando entre vosotros, para recuperar una forma de hablar que no acabe siempre igual y para decidir con información en la mano. No sirve para que yo dictamine quién tiene razón, ni para convencer a nadie de que se quede.

Conviene decirlo claro: uno de los desenlaces posibles es separarse, y a veces es el bueno. Una terapia de pareja que solo pueda considerarse un éxito si seguís juntos no es terapia, es presión.

Cuando ya no sabéis hablar sin que acabe mal

Casi nadie pide terapia de pareja por falta de palabras. Se pide porque hablar se ha vuelto caro: cualquier tema, por pequeño que sea, se desvía hacia el mismo sitio y acaba en portazo o en silencio de tres días.

Lo que se rompe no es la comunicación en abstracto, son cuatro maneras concretas de responder que la investigación de John Gottman identificó hace décadas y que predicen bastante bien cómo va a acabar una relación: la crítica —atacar a la persona en vez de al problema—, la actitud defensiva, el bloqueo o retirada, y el desprecio, que es la más corrosiva de las cuatro.

Se trabajan una a una y con bastante detalle. Cómo empieza una conversación difícil, porque el arranque predice el final casi siempre. Cómo reconocer que el cuerpo ya se ha desbordado y que seguir ahí no va a llevar a nada bueno. Y cómo se pide algo sin que suene a reproche, que es una habilidad concreta y se entrena.

La discusión que siempre es la misma

Hay un dato que suele aliviar mucho oír: en torno a dos tercios de los conflictos de una pareja no tienen solución. No son un fallo vuestro ni una señal de incompatibilidad, son diferencias estables de carácter, de ritmo, de necesidad de cercanía. Las parejas que duran no los han resuelto: han aprendido a hablar de ellos sin quedarse atascadas.

Por eso el trabajo no consiste en dirimir quién lleva razón en la discusión de anoche. Consiste en ver la coreografía: uno persigue, el otro se retira, y cuanto más persigue el primero más se retira el segundo. Ese patrón se sostiene solo, y ninguno de los dos lo está eligiendo.

Cuando se ve desde fuera, la conversación cambia de sitio. Se deja de discutir sobre la cena o el móvil y se empieza a hablar de lo que hay debajo, que casi siempre es una pregunta bastante simple: ¿sigo importándote?

Cómo trabajamos

Las sesiones de pareja duran 75 minutos, porque con menos no da tiempo a que hablen los dos y a hacer algo con lo que se ha dicho. Normalmente empezamos con los dos presentes; a veces tiene sentido una sesión individual con cada uno, y en ese caso se acuerda de antemano cómo se maneja lo que se diga ahí.

El foco se pone en el patrón, no en el contenido de la última discusión. Quién se acerca y quién se retira, qué pasa justo antes del portazo, qué necesidad hay debajo del reproche. Los modelos con más respaldo en terapia de pareja —la terapia centrada en las emociones y las terapias conductuales integrativas— trabajan justamente ahí.

Hay un límite que conviene saber de entrada: cuando hay violencia en la relación, la terapia de pareja no es el marco adecuado y puede ser peligrosa. En ese caso el trabajo es individual y con los recursos de protección correspondientes. Si es tu situación, el 016 atiende gratis, las 24 horas, y no deja rastro en la factura del teléfono.

Venir juntos a la consulta de Las Rozas

En pareja, lo presencial tiene una ventaja que en individual no pesa tanto: el trayecto. Venir juntos a Las Rozas, aparcar, subir y volver a casa después con una hora de coche por delante es parte de la sesión, aunque no lo parezca. Muchas de las conversaciones que importan pasan en ese rato.

Y hay algo más práctico. En videollamada siempre hay una cámara que alguien controla, y levantarse cuesta un clic. En consulta estáis los dos en el mismo sitio, en terreno de nadie, y eso sostiene las conversaciones incómodas el rato suficiente para que lleguen a algún lado.

Dicho esto, la sesión de pareja por videollamada funciona, y es la que salva las semanas de guardias, de viaje o de niño con fiebre. Se puede empezar en la consulta de Las Rozas y alternar según vaya la agenda: lo que sostiene el proceso es la continuidad, no el formato.

Preguntas sobre terapia de pareja

¿Funciona la terapia de pareja online?
Funciona, y tiene una ventaja práctica que no es menor: dos agendas que cuadrar y ningún desplazamiento. Lo que sí pido es que cada uno tenga intimidad durante la sesión, aunque sea en habitaciones distintas.
Mi pareja no quiere venir. ¿Puedo ir yo sola?
Sí, y se trabaja bastante más de lo que parece. No para hablar de él o de ella a sus espaldas, sino para entender tu parte del patrón, decidir qué quieres y qué estás dispuesta a sostener. Los sistemas cambian cuando cambia una de las partes.
¿Cuántas sesiones necesita una pareja?
Menos de las que la gente teme. Lo habitual es notar un cambio en la forma de discutir en las primeras semanas, y trabajar después el fondo durante unos meses, con sesiones que se van espaciando. En la primera consulta planteamos un recorrido aproximado y se revisa por el camino; no hay paquetes cerrados.
Llevamos años así. ¿No es tarde?
Tarde de verdad es cuando uno de los dos ya ha decidido por dentro y viene solo a poder decir que lo intentó. Mientras los dos tengáis alguna curiosidad por entender qué pasa, hay con qué trabajar, aunque lleve años pasando. Lo que sí resta es el desprecio sostenido: cuanto antes se toque, mejor.
¿Tenemos que venir los dos a la primera sesión?
Es lo que recomiendo, porque lo que quiero ver es cómo funcionáis entre vosotros, y eso solo aparece con los dos delante. Si a uno le resulta imposible esa semana, se puede empezar con uno y sumar al otro después, pero sin convertirlo en la norma.
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